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China: el espacio es el límite


Más allá del primer vuelo tripulado chino, que sitúa a la República Popular al lado de Rusia y Estados Unidos en la capacidad de poner a una persona en el espacio, el programa espacial de Pekín quiere estar acorde con las perspectivas de desarrollo del país como potencia económica


China desafía día a día a los agoreros que pronostican un estallido de las grietas sociales provocadas por el desarrollo exponencial de las dos últimas décadas.

Y la primera misión espacial tripulada es exactamente eso, una demostración más ante la comunidad internacional de cómo China se va equiparando sin grandes sobresaltos a las primeras potencias económicas del Planeta en todos los terrenos.


Una demostración más que un gran logro tecnológico, puesto que la antigua Unión Soviética puso en el espacio a Yuri Gagarin hace cuatro décadas.


Además, la nave Shenzhou V –Nave Divina-- está basada en la tecnología de la nave soviética Soyuz.


Más que un gran salto tecnológico, este primer vuelo espacial tripulado es, sobre todo, un mensaje al mundo: China ya tiene su astronauta, cosmonauta… o como se llama en putonghua o mandarín taikonauta.


Sabido esto, sin embargo, la acelerada carrera espacial china no se va a parar en un paseo orbital alrededor del Planeta con el que contemplar en su verdadera magnitud la Gran Muralla.


Pekín prepara el lanzamiento en un plazo de tres años de un satélite artificial que va a orbitar alrededor de la luna para recabar información sobre el suelo lunar para conocer sus recursos naturales.


Cuando en las calles de Pekín la lentitud de las bicicletas todavía se interpone a los flamantes coches de lujo europeos o japoneses, un ciudadano chino se aventura, como muy bien resume Far Eastern Economic Review, donde no ha ido nunca ningún chino.


Existe otro lugar donde los ciudadanos chinos y chinas tampoco han llegado todavía, mucho más terrenal y prosaico que un vuelo entre las estrellas: la democracia.

Con motivo del Día Nacional de la República Popular, el 1 de octubre, el presidente, Hu Jintao, aprovechó el mensaje institucional para llamar al país a promover los valores de la democracia adjetivada socialista.


Pero en el Tercer Plenario del Comité Central del Partido Comunista insiste a los dirigentes a aceptar el control de su gestión como base para construir una sociedad más justa.


Desde que empezó a detentar los resortes del poder, el presidente de la República Popular y secretario general del Partido Comunista, Hu Jintao, ha promovido los derechos de los ciudadanos como inherentes a una nueva China, heredera pero no deudora políticamente de la que le ha entregado paulatinamente su predecesor Jiang Zemin y la banda de Shanghai.


La democratización de China es pues tan incipiente como su programa espacial.


Formalmente, China es capaz de enviar una persona al espacio como hace Estados Unidos, Europa o Rusia en la Estación Espacial Internacional.


Pero tecnológicamente, la República Popular continúa lejos de rusos, europeos o norteamericanos, incluidos en las cuentas los fracasos de la NASA.


Sobre el papel, las leyes chinas permiten un desarrollo democrático de la vida política. En la práctica, nadie puede impedir un desalojo en el centro de Pekín o Shanghai cuando se desencadena una operación inmobiliaria de intereses multimillonarios.


Pero hoy los ciudadanos empiezan a exigir de los jueces que juzguen en lugar de condenar, a los policías que les protejan en lugar de reprimirles, a los dirigentes que representen sus intereses y no los propios.


Como los futuros taikonautas van a investigar en el espacio en lugar de pasear por él para poder decir que un chino también ha estado ahí.

http://www.asiared.com/apartados/reportajes.html